Muerte sin condena
A los 91 años de edad, y tras pasar por una difícil semana debido a su delicado estado de salud, el tirano Augusto Pinochet ha fallecido. El suceso tuvo lugar en el Hospital Militar de Santiago de Chile donde se encontraba ingresado desde que el pasado 3 de diciembre sufriera un edema pulmonar agudo y un infarto de miocardio.

Se pone fin así a una de las etapas más polémicas y represivas de la historia de Chile, y a uno de los casos más controvertidos de la justicia internacional. Y es que con la muerte del dictador, podemos decir que realmente no se pone fin a esa etapa, puesto que nunca se llegó a condenar y sentenciar definitivamente su tiranía. A pesar de las oscuras cifras que definen su dictadura ( 3.197 víctimas, de las cuales 1.192 fueron detenidas o desparecieron; numerosas ejecuciones de políticos, torturas...) Pinochet ha muerto sin pagar por lo que hizo; sin responder a la justicia que las víctimas exigían.
Sin embargo, muchos creen que su obra la pagó en los últimos años de su vida dada su difícil situación física, y es que durante mucho tiempo el dictador se mantuvo viajando constantemente a diversos hopitales para ser tratado.
En cualquier caso, nada se puede hacer ya, y pretender avanzar ahora en lo que no se avanzó desde 1990 es imposible. Así que sólo nos queda olvidar; o perdonar y olvidar aunque sea más difícil. Y es que hay que ver que ya nadie hay para pagar por los hechos; muerto el jefe todos sus súbditos pienso que pasarán al olvido, y lo único que queda en el país suramericano es la división social: unos por negarse a ver lo que ocurrió, y los otros por no poder olvidar la pérdida de familiares o el sufrimiento de hace no tanto tiempo.
En cuanto a los detalles del funeral, la familia finalmente ha autorizado la entrada del público al velatorio, que se encuentra en la Escuela Militar. En un principio únicamente se iba a permitir la entrada a los allegados y las autoridades, y sólo se ha mantenido la decisión de no despedirle con honores de Estado; a pesar de que el Ejército le homenajeará siguiendo las pautas que el reglamento militar marca. En su velatorio hay disponible un libro de condolencias, y después de la misa, será incinerado y no enterrado, por miedo a que su tumba sea profanada.
Por último las reacciones no se han hecho esperar, y muestran una Chile profundamente dividida; cómo bien explicaba el Portavoz del gobierno chileno Lagos Weber: "es una figura que divide a los chilenos". Amnistía Internacional ha recalcado lo que supone esto, y es que la justicia debería actuar con mayor rapidez, catalogándo el hecho como una "llamada de atención". Por otro lado la Organización para la Defensa de los Derechos Humanos ha lamentado que el dictador no haya cumplido condena por lo que hizo.
Borja Respaldiza